Hay tardes que este Madrid se me insinúa de varias maneras, termino optando. Este jueves dudé, por una parte, la VI Muestra Portuguesa musical o gastronómica, por otra, en la Casa Árabe la presentación del ciclo Primeros pasos del cine del Magreb; al final me quedé en la Biblioteca Nacional. Quería oír a Carme Riera hablar sobre Cómo se escribe una novela. No me arrepiento. La charla fue grata y entrañable. He oído a Carme Riera otras veces y siempre me cautiva, esta tarde, además, la encontré particularmente dispuesta y delicada.
Por lo demás, lo que ya se sabe, se escribe para no morir, para vestir una anécdota y recontarse, para vivir vidas distintas y doblemente, etc. Y también, claro, porque escribir es otra forma de gratificar ese mundo en que vivimos y que no nos gusta demasiado, de lo contrario, ¿cuántos como Carme no preferirían tan sólo la delicia de sentarse a contemplarlo?
Luego, también me agradeció haber tenido Mancha ancha entre las manos.
Por lo demás, lo que ya se sabe, se escribe para no morir, para vestir una anécdota y recontarse, para vivir vidas distintas y doblemente, etc. Y también, claro, porque escribir es otra forma de gratificar ese mundo en que vivimos y que no nos gusta demasiado, de lo contrario, ¿cuántos como Carme no preferirían tan sólo la delicia de sentarse a contemplarlo?
Luego, también me agradeció haber tenido Mancha ancha entre las manos.
Antonio Trinidad
